Quien bautiza el vino no debería estar bautizado

Bautizar el vino es el proceso de multiplicarlo, no milagrosamente, sino echándole agua (de ahí lo de bautizar) para rebajarlo y aumentar así el beneficio. Esta era, o esa era la fama, costumbre de muchas ventas y tabernas españolas y motivo de constantes reclamaciones. Vendría a ser el antecedente del actual rellenado de botellas, conocido como “garrofón”.

Este refrán vendría a ser una maldición contra los que realizaban esta práctica, tachándoles de malos cristianos o negándoles el derecho a ser personas como los demás. Tal vez un poco exagerado, pero deja de ver a lo que se le da culturalmente importancia.

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